2.20.2015

Miguel Ángel Rojas - Faenza









 Fue durante el año 1979 que Miguel Ángel Rojas entraba a la una y media de la tarde al Teatro Faenza en pleno centro de Bogotá, un teatro con acentos Decó de gran esplendor hacia los años 20, en ese momento un poco en ruinas, a esperar en la oscuridad un encuentro sexual. Unos meses después empezó a tomar fotografías de larga exposición, en blanco y negro, y descubrió que en el arte está implicado también el individuo en su totalidad y juegan a manera de síntesis, su inconsciente, sus deseos, pero también su capacidad de separarse de la experiencia y verla desde lejos. Esta experiencia fue definitiva porque le enseñó a ver y grabó en su retina imágenes de manera indeleble.

De esos momentos de espera, que él llama ¿las tardes suspendidas¿, resultaron más de 70 negativos que ordenó en varias series: Antropofagia en las ciudades, El fisgón, La vía láctea, Diablo, La visita, Olores, La nave va, Palcos, Take of five, Tres en platea y Del oriente. Unas series construidas a partir de fijar una atención constante en lo que sucedía en el teatro. Fijar la atención por ejemplo, en los hombres que entraban, esperaban ¿mientras se acostumbraban a la oscuridad¿1, intuían que los estaban mirando, exhibían algunas señales corporales casi imperceptibles para, finalmente, acercarse.










Las fotos son de encuentros gay que en ese momento, 1979, le permitieron a Miguel Ángel Rojas vivir y aceptar la diferencia. Hoy las veo como un cortejo sexual que amplía y enriquece nuestra experiencia de lo erótico; un exhibicionismo a través de la ropa, las miradas, la expectación, las caricias, los acercamientos en la nuca, el afecto y el sexo. Además tienen el encato de las fotografias de guerra, que demostraron que la necesidad de captar la realidad en condiciones difíciles condujo a utilizar cierta caligrafía fotográfica como el desenfoque, detalles significativos, perfiles movidos, que hizo que el espectador estimara este material por sus valores de autenticidad y oportunidad del disparo, es decir, por su alta información2. Esa característica hoy ya no es posible, la guerra parece en sus imágenes pre-editada.

Estas fotografías hacen pensar en esos ¿no lugares¿ urbanos, esos sitios de paso como los teatros, pero que en los 70 permitieron a algunos jóvenes reconciliarse con la diferencia sexual, en una sociedad donde la familia, aparentemente el lugar por excelencia, el lugar que da sentido de pertenencia y de identidad, no lo permitía. Pero ésta es otra historia. Revisitar a Miguel Ángel Rojas es un mundo con muchos caminos. 


 texto: www.artnexus.com