10.08.2014

Taner Ceylan




















































































































Taner Ceylan es un artista turco cuya obra se ha visto sometida a la censura por parte del gobierno de su país, pero la temática de sus pinturas y la maestría de su técnica —casi hiperrealista— han sido los factores que lo posicionan como uno de los artistas turcos más críticos y relevantes de la actualidad.
En septiembre próximo Ceylan presentará en la Galería Paul Kasmin de Nueva York su serie Lost Paintings, una reflexión sobre el Orientalismo como una narrativa que ha incidido en la historia oficial de Turquía.
A propósito de su próxima exhibición, platicamos con Taner Ceylan sobre los inicios de su carrera y el impacto que ha tenido el contexto sociocultural de Turquía en su ejercicio artístico.

Al inicio de tu carrera organizaste una fiesta para poder dar a conocer tu trabajo, ¿por qué decidiste hacerlo de esta manera?
Entre 1991 y 2002, después de graduarme de la escuela, traté de encontrar mi lugar en la escena artística local. Por el contenido de mis pinturas fui rechazado en varias ocasiones por la sociedad cultural turca. Así que decidí encontrar un punto débil para llamar su atención y organizar una fiesta que permitiera a los invitados sentirse como miembros de la alta sociedad. El encuentro se realizó a mediados de los años 90, en ese entonces no había canales privados de televisión, computadoras y mucho menos conexión cotidiana con el mundo exterior. Solamente existían los teléfonos fijos. La fiesta comenzó en un edificio abandonado de Taksim y terminó en un yate de lujo. Se promocionó como un evento lleno de espectáculos, sexo, drogas y alcohol. Pero no pasó nada, era simplemente una fiesta falsa con cerca de 100 invitados que tuvieron que ver mis pinturas. Desde entonces los coleccionistas, los críticos y la prensa comenzaron a interesarse por mi obra.

Durante una entrevista con el Hürriyet Daily News mencionaste que “vivir con el arte representa una postura política porque te sitúas en contra del sistema”. ¿Esto hace referencia a la relación entre tu obra y el contexto conservador de Turquía?
¿Puedes mencionar algún país donde no exista el abuso de derechos, donde las minorías no se sientan minoría, donde la distribución de ganancias sea equitativa, donde no se usen esclavos para hacer funcionar la industria, o donde los recursos energéticos no produzcan contaminación? Hacer arte significa enfrentar todo tipo de sistemas y crear nuevos horizontes de pensamiento. Aún existen los abusos, incluso en los países donde hay mayor libertad de expresión. En Turquía mi obra aún no es aceptada y es muy difícil mostrarla, pero lo intento.

¿Crees que el sistema (social, político, religioso, etc.) es un obstáculo para el arte?
Ningún tipo de sistema interfiere con el arte, nada puede hacerlo. Pero el sistema sí es un obstáculo para el honor y la libertad individual; no puedes encerrar los sueños de una persona. El arte es libre e independiente por naturaleza, es capaz de alterar el poder.

¿Cuál consideras que es tu rol como artista con respecto al activismo social?
La atmósfera ha cambiado dramáticamente en el país. El gobierno quiere un arte conservador; las esculturas son demolidas, los cines, teatros y centros de artes están cerrando, y los festivales de música son cancelados. Como artista, al experimentar la destrucción de tu propio hábitat, sólo te quedan dos opciones: abandonar el país o tratar de cambiar las cosas.
Las protestas en Turquía y en el resto del mundo consisten en gritar consignas, generar ruido con cazuelas y sartenes, pintar muros, hacer música o interrumpir la comunicación por 5 minutos. Hay muchos murales, lemas y grafitis que son increíblemente creativos y que fomentan nuevas formas de protestas. Es obvio que el arte ha dado forma a las protestas actuales, especialmente a los levantamientos turcos que han logrado capturar la atención de todo el mundo.
La escena artística turca está pasando por un periodo de transformación, inspirado por los movimientos del Parque Gezi y las nuevas protestas creativas. El arte está cambiando, las obras sustituyen a la violencia. Todo el mundo nos está volteando a ver, incluso los artistas más reconocidos están admirados por lo que ocurre en Gezi y los curadores turcos dicen que ya ni siquiera hace falta la Bienal de Estambul.

Además del interés por desarrollar protestas creativas, ¿qué distingue a la Revolución Turca del resto de los movimientos en Medio Oriente?
Los movimientos y protestas del Parque Gezi comenzaron como una resistencia pasiva que consistía simplemente en pararse entre los árboles para evitar los ataques de la policía. El método fue muy popular y se expandió por toda Turquía. Fue una forma de protesta muy innovadora, logró mostrar la realidad de una generación joven que no estaba dispuesta a ser limitada por ninguna ideología. Ningún partido político apoyó el movimiento. Lo único que importaba era la libertad.
El tiempo que pasé en el Parque Gezi fue como la consecución de una utopía que rebasaba cualquier ideología. Aunque la atmósfera haya cambiado como consecuencia de las represiones policiacas, nuestras vidas se han transformado para siempre. He visto a musulmanes anticapitalistas, a niñas con hiyab y a miembros de la comunidad LGBT compartir ideas sin preocuparse por estigmas de política, religión, raza o nación. Siento que la era de oro prometida ha comenzado.

En tu serie Lost Paintings, que se exhibirá muy pronto en Nueva York, los títulos de algunas pinturas son años, ¿existe alguna relación con acontecimientos históricos de Turquía?
Pinté los cuadros en contra de la historia del Orientalismo y de las pinturas orientalistas que parecen como sacadas de un cuento de hadas: no había mujeres desnudas en el Hamam –o baño turco.
Durante años nos han enseñado a través de las pinturas orientalistas que Oriente terminó por conquistar al Imperio Otomano, pero en realidad el último siglo de su existencia fue un periodo muy pobre, lleno de tristeza y crueldad. Los años como títulos me permiten ubicar fechas clave para mostrar la verdadera historia. Ésa es mi intención con Lost Paintings.

Taner Ceylan nació en Alemania en 1967, pero fue educado en Turquía. Estudió Bellas Artes en la Universidad Mimar Sinan de Estambul, ciudad en la que actualmente vive y trabaja. Inició su carrera como pintor en la década de los noventa en medio de un contexto político que definió la ruta de su práctica profesional y creativa. Su primera exposición individual se llevó a cabo en Núremberg bajo el título MannsBild, pero no fue sino hasta 1995 que su exposición y performance Monte Carlo Style causó gran impacto en la escena artística turca. Desde entonces su obra ha sido expuesta en museos, ferias y galerías internacionales, como el Museo Bojimnas Van Beuningen, el Martin-Gropius-Bau, la Bienal de Estambul, Art Basel, Arco y The Armory Show.

Entrevista extraída de : revistacodigo.com