7.20.2014

Hernán Bas






















El nombre de Hernan Bas es un ícono en Miami, su ciudad natal. Algo que para él significa que su trabajo es cada vez ''menos épico'' porque ya no puede, como antes, sumergirse en un espacio casi inaccesible para emprender sus exploraciones sensitivas durante largos periodos, sólo para pintar un cuadro. No obstante, Soap Operatic, su actual exposición en The Moore Space, cumple lo que Francis Bacon pedía del artista: ''Ahondar en el misterio''. El lo descubre en la paradoja de saber que ''terminamos aburriéndonos de lo que amamos'' tanto como en un show de Dior.

En 1999, el galerista visionario Fredric Snitzer reconoció, durante la exposición grupal The Fashion Issue, la descomunal habilidad formal y la fuerza del contenido del arte de Bas, que entonces tenía 20 años. Desde el 2004, su obra está incluida entre las exhibiciones permanentes del Museo Whitney de Nueva York. A nadie le sorprendió esa hazaña. Cuando estudiaba en New World School of the Arts --un lugar que ha creado su propia leyenda-- obtuvo un reconocimiento nacional sin precedente al ganar simultáneamente en artes visuales y fotografía.

























  
Aceptado en la famosa Cooper Union School of Art descubrió lo que su maestro de secundaria Tom Wyroba había vislumbrado: que no necesitaba guías para desplegar su universo. Se retiró para adentrarse solo en los laberintos de sus mundos privados y convertirlos en obras que pertenecen ''al reino de las sombras y de los secretos'', que son Portadores de malas noticias --como el título de uno de sus cuadros--, y que captan las zonas vedadas.

La coleccionista Rosa de la Cruz compró todos sus Slim Fast Drawings la primera vez que los vio en el MOCA hace años. La conmovió su modo de trasmitir la oscura ansiedad ante el cuerpo y la terrible fragilidad de los adolescentes. Bas conjura los dioses paganos y mezcla la imaginería romántica, la decadencia, el cine de terror, la moda publicitaria, el arte simbolista y la literatura fantástica con escenas del homoerotismo contemporáneo y su vínculo con otras eras de la cultura. Él habla del conjunto de su obra como capítulos visuales de una novela. Sus cuatro series pictóricas anteriores han estado conectadas a géneros como la novela de aventuras del siglo XIX, la novela de detectives, el ocultismo y la literatura gótica, como marcos referenciales de una exploración incisiva en la pulsión de la homosexualidad. Pero al mismo tiempo, su arte se construye a partir de los cuentos que leyó en su pubertad, abiertos a la opción de múltiples desenlaces. O lecturas.

































El crítico Massimiliano Gioni compara su trabajo a ''una caja de Pandora con un contenido que entremezcla el carácter de un herbario con las obras completas del Marqués de Sade''. Odilon Redon y Gustave Moreau ''pasados por el filtro de un manual escolar de Historia del Arte''. A Snitzer lo deslumbra ''su exploración personalísima, tierna, de la sexualidad''. ``Conjeturo --dice Nahomi Fisher, su famosa hermana en laexploración artística-- que lo que nos acerca es el tren emocional del arte, nuestra apertura a tocar una gran cantidad de tristeza y de belleza y a traducirla en imágenes''.

Sus escenas tienen igual ese carácter polisémico propio del misterio. Bas dice que sus cuadros --pintados con ``una mano en el pincel y otra en el marcador de libros''-- pueden llevar a la salida de ser rescatado o a ahogarse en mares profundos. Nadie que haya visto sus niños andróginos, con las piernas cubiertas por un delicado velo, y su ropa rojo sangre, perturbando los elementos, puede olvidarlos. Una tristeza profunda chorrea sobre el papel que recrea juegos eróticos velados por sombras tormentosas. 


























 La exposición curada por Silvia Karman, Soap Operatic --un título perfecto para su ironía ante aspectos de la cultura-- alude al período clásico griego con sus mitos --Dafne, convertida por él en un muchacho, o Baco y adolescentes semejantes a los que tentaron a Sócrates--, evocando la era de las divinidades caprichosas. La segunda gran alusión es el decadentismo con su estética y su manera de vivir el amor como un veneno lento, sutil, que lleva a los amantes a la violencia o a la muerte. Un Baco adolescente aparece en su pintura junto a un lecho rojo que bien pudiera ser también un ataúd del mismo color de la sangre. La inocencia se asemeja a dos jóvenes amigos que se miran enlazados por la intimidad, mientras una pantera negra descansa sobre el piso. También hubo un zarpazo letal sobre los invictos semidioses griegos. La inmovilidad de sus escenas no elimina la posibilidad de lo destructivo que gravita. 



































































































































































  

A veces los amantes están marcados por heridas y el romance es una espada en sus manos. Sus personajes --muchachos casi escuálidos, de piel translúcida-- son mirados y miran en un acto de perpetuo voyerismo que involucra al espectador, convertido en intruso. Aunque un penetrante erotismo envuelve los escenarios en los que se encuentran en pareja, una soledad violenta los toca. Tan abismal es, que en la serie Love in Vein, las incisiones hechas sobre pentagramas satánicos --como conjuros suplicando un eros colmado-- reflejan la dimensión de la herida o de la sed de fusión con el otro. Bas escribe en el catálogo de Soap Operatic: ''Cuando yo practiqué hechicería e hice pactos con el diablo era una forma de hacer que alguien me amara, cuando navegaba en un mar infestado de monstruos estaba en búsqueda de alguien''. Mira atrás y anota: ``Nadie ha llorado abiertamente todavía''.